Con fe y perseverancia

Hoy narro  la historia de Angelina Jerez, una mujer dominicana, de la ciudad de Santiago, que ha construido su vida entre sacrificios, cambios y una actitud inquebrantable. Angelina es hija, madre y estilista, y quienes la conocen destacan su alegría constante y su disposición en ayudar a los demás. A pesar de los retos que ha enfrentado, siempre mantiene una energía positiva que inspira a quienes la rodean. Nació y pasó su niñez en la Republica Dominicana, antes de emigrar a los Estados Unidos.

Desde pequeña, Angelina mostró una actitud servicial y optimista. Su vida cambió a los 7 años, cuando su madre emigró a los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades. Durante ese tiempo, Angelina vivió con su abuela y 14 nietos, aprendiendo a adaptarse a la ausencia de su madre y padrastro, ya que su padre biológico no estuvo en su vida, y aprendió a valorar la fortaleza de su familia. Allí fue como comenzó sus primeros pasos para ser estilista. 

A los 14 años, Angelina viajó a los Estados Unidos y puso sus raíces en Queens NY, para reunirse con su madre y padrastro.  Llegó sin hablar inglés y tuvo que enfrentarse a un entorno completamente nuevo. La transición fue difícil: el idioma, la cultura y el ritmo de vida representaron desafíos diarios. Al comenzar la secundaria, Angelina experimentó lo complicado que era estudiar sin dominar el inglés. Las clases, las tareas y la comunicación con sus compañeros se convirtieron en obstáculos constantes. Una compañera de escuela la ayudaba a traducir las tareas para poder completarlas. Aunque su sueño era convertirse en enfermera, la situación económica de su familia la obligó a tomar decisiones distintas. 

Para apoyar a su madre, Angelina comenzó a trabajar a los quince años. Este sacrificio marcó su vida, pues tuvo que poner a un lado sus aspiraciones académicas de ser enfermera para ayudar en el hogar. Sin embargo, este esfuerzo fortaleció su carácter y su sentido de responsabilidad. Con el tiempo, Angelina encontró una oportunidad en el mundo de la belleza. Empezó a trabajar como estilista poco a poco mediante la práctica y la observación. Su dedicación y actitud positiva le permitieron crecer en un campo que inicialmente no imaginó para sí misma.

En el transcurso de su vida, Angelina se convirtió en madre de dos hijas hermosas. Su hija mayor nació con una condición que afectaba su bienestar físico y que requirió tratamientos continuos desde muy pequeña. Los médicos no siempre fueron optimistas, pero Angelina se negó a aceptar límites para ella y buscó cada recurso posible para apoyarla. Hoy, su hija ha superado expectativas que en algún momento parecían inalcanzables.

Su hija menor también necesitó apoyos adicionales desde temprana edad, especialmente en su desarrollo y comunicación. Gracias a las terapias, actividades y al acompañamiento constante que Angelina pudo brindarle junto con el apoyo de su familia ha logrado avances significativos que han transformado su vida diaria.

Para sostenerse y proveer lo necesario, Angelina tuvo que hacer cambios en su carrera de estilista y trabajar largas horas, aun cuando eso significaba sacrificar tiempo con sus hijas. Hubo momentos en los que las cosas no salían como había planeado y sintió deseos de rendirse. Sin embargo, el amor por sus hijas, su fe, la oración y las enseñanzas de su abuela, especialmente la importancia de ver más allá del problema, la ayudaron a mantenerse firme y seguir adelante.

Con el tiempo, Angelina continuó creciendo en el mundo de la belleza, convirtiéndose en una experta en color y correcciones de color. Ha dado clases a otros profesionales y ha sido patrocinada por marcas prestigiosas de la industria. Muchas de sus clientas viajan desde diferentes lugares solo para ser atendidas por ella. Para Angelina, su trabajo es más que una profesión: es una oportunidad para transformar vidas. Cada nuevo look representa un nuevo comienzo para sus clientas, y ver sus rostros iluminarse es su mayor recompensa. Además, aprovecha cada encuentro para ofrecer palabras de aliento. No se ve solo como una estilista, sino como alguien que puede impactar positivamente la vida de otros. Y sobre todo, se siente profundamente orgullosa de todo lo que ha logrado.

Hoy, Angelina mira hacia su pasado con una mezcla de orgullo, gratitud y profunda reflexión. Reconoce que cada etapa, la separación de su madre, la llegada a un país desconocido, las dificultades del idioma, el sacrificio  de trabajar desde tan joven y los retos de salud de sus hijas, la formaron en maneras que nunca imaginó. Aunque hubo momentos en los que sintió cansancio y deseos de rendirse, También hubo una fuerza interior que siempre la impulsó a seguir adelante: el amor por sus hijas, su fe, la oración y las enseñanzas de su abuela, quien le inculcó la importancia de mirar más allá del problema y no perder la esperanza. Al recordar su camino, Angelina comprende que su actitud positiva no fue casualidad, sino una herramienta esencial para sobrevivir y crecer. Hoy, al ver lo lejos que ha llegado en su carrera convirtiéndose en una experta y educadora en su industria, siente un profundo orgullo. Mira el futuro con determinación y con el deseo de seguir transformando vidas a través de su trabajo, no solo con un nuevo look, sino con palabras de aliento y humanidad. Si algo ha aprendido, es que cada sacrificio tuvo un propósito, y que su historia es prueba de que la perseverancia puede convertir los momentos más difíciles en oportunidades para renacer.