Vivir en otro país puede ser un momento aterrador y complicado en la vida de alguien, pero en esta crónica tuve la oportunidad de entrevistar a alguien muy querida en mi vida llamada Marisa, que enseña precisamente esto. Una aventura llena de pruebas y tribulaciones, emoción, tristeza y alegría que pasó en su experiencia de mudarse sola con su amiga Vera de Argentina a Brasil, que estaba aproximadamente a treinta y tres horas de distancia de su hogar en Chaco, Argentina. Luego en esta crónica explicaré más profundamente su experiencia viviendo en Brasil por primera vez, pero primero les voy a presentar a Marisa y por qué tiene tanta importancia en mi vida, aunque nuestra amistad es tan corta.
Conocí a Marisa en el año 2023 en nuestras vacaciones en Punta Cana, República Dominicana. Desde este día Marisa siempre se preocupa por mí y mi familia, aunque es mayor que yo. Conectamos bastante en las mismas características de personalidad y tengo confianza en ella cuando necesito a alguien con quien hablar de algo que me molesta o siento confusión. Ella me respeta y me da buenos consejos para mejorarme a mí misma y pensar o actuar con madurez. Aunque vivimos lejos, en mi mente ella está presente y la considero como si fuera mi otra madre o parte de mi familia por lo genuina que es. Su personalidad es algo que todo el mundo puede descubrir: divertida, chistosa, emocional, sensible, aventurera, sociable y amable.
Cuando Marisa empezó a contar su historia, me contó que tenía veintiséis años durante la época de los años ochenta. Su amiga Vera, que había nacido en Brasil y tenía años viviendo en Argentina, preguntó a Marisa si quería celebrar el año nuevo en Brasil. Días después, Marisa decidió tomar el riesgo de viajar con su amiga a un país desconocido para ella, pero tenía deseos y una curiosidad de ir. Al principio, cuando llegó a Brasil, sintió miedo, pero la familia de Vera hizo sentir a Marisa bienvenida, aunque no sabía nada del idioma portugués. Por el resto de la semana del año nuevo, Marisa se quedó en la casa de la familia de Vera, que era un campo en Florianópolis.
El día del año nuevo, Vera llevó a Marisa a celebrar con ella para enseñarle su cultura y tradiciones. Marisa se sintió sorprendida porque era su primera vez conociendo el país. Hicieron rituales con flores, velas y barcos en el mar hasta la noche, con vestidos blancos y turbantes blancos en sus cabezas, para meterlos en los barcos pequeños. Mientras hacían bailes típicos que ofrecen a la virgen negra y a los dioses en los que los brasileños creían.
Después de conocer las tradiciones y fiestas que hacían, Vera la llevó a diferentes playas en la isla y le enseñaba las historias y cada nombre de las distintas playas. Además, Vera le enseñó las comidas que la gente en Brasil consume, por ejemplo, carne de conejo, cerdo y ensaladas específicas que se reconocen como muy deliciosas y únicas que se preparan en el país.
Unos días después, durante su tiempo en Brasil, le pasó algo traumático a su amiga Vera y Marisa se quedó sola en Brasil. Vera sintió que necesitaba irse de su país por su bien después del trauma que había sufrido cuando fue violada de camino a su trabajo, y jamás se volvieron a ver. Con el tiempo, Marisa se dio cuenta de que quería quedarse en Brasil para vivir sola. Aunque al principio tenía ganas de volver a Argentina, debido a la gran demanda de turismo no pudo. Recordando su pasado viviendo en Brasil, Marisa está agradecida por su amiga, que le enseñó su país, y siente que quiere regresar a vivir otra vez en Florianópolis porque se enamoró de vivir sola. No piensa en la ciudad con tristeza, sino con nostalgia por un cambio en la vida que fue para lo mejor. Sin embargo, vivió cinco años en Brasil sola y luego regresó a Argentina. Más tarde tuvo su hija y no ha estado allí en muchos años. Marisa aconseja a las personas tomar riesgos y viajar mientras eres joven, porque es el único momento en que puedes vivir tantas experiencias. Viajar es posible y crear recuerdos, como ella me contó a mí conociendo y viviendo en otro país.


