Esta crónica empieza con mi amiga Isabela, quien tiene 22 años. La conozco desde que teníamos más o menos 7-8 años. Ella es una amiga simpática, honesta y muy amigable con todos. Es una persona que trabaja duro por todo lo que tiene; incluso trabaja en 3 diferentes lugares. También estudia la carrera de justicia criminal porque le fascinaban las cosas que hacían los policías. La historia de Isabela empieza desde que nació en Perú, vivió allí unos 2 o 3 meses y después vino a los Estados Unidos con sus padres para hacer lo que todos vienen a hacer: tratar de mejorar su vida, o en otras palabras, el Sueño Americano. Isabela creció hablando inglés, entonces no tuvo la oportunidad de aprender español como sus padres, pero igual trata de ayudarles con documentos cuando no los entienden. Ella está ahí tratando de ayudarles, y también trata de ayudar a su hermana con su tarea de español cuando no entiende algo.
Los padres de Isabela vinieron a los Estados Unidos para darle más oportunidades de las que ellos no tenían, pero al hacer eso, Isabela, al crecer, no pudo hablar español y nunca lo aprendió bien. Ella quería que sus padres le enseñaran español, pero ellos trabajaron duro día tras día guardando su dinero para comprar su casa, entonces no tenían tiempo para enseñar a Isabela. Poco a poco empezaron a convertir un lugar vacío en uno que se puede llamar su casa. Desde pequeña, Isabela solo conocía las calles de Nueva York, pero sus padres siempre le hablaban de Perú y de cómo era vivir en su país. Siempre se imaginaba cómo sería vivir en el país donde nació. No fue hasta que era un poco más grande que viajó a Perú por primera vez. Le encantó estar ahí con su familia y conocer su cultura, pero el único problema que tenía es que no entendía a la gente y no podía conectarse con su cultura al cien por ciento. Trataba de hablar español con su familia de Perú, pero no le entendieron, y el resultado fue que se sentía avergonzada por no poder hablar español. Veía a todos hablando español y entendiéndose, pero no podía formar oraciones como su mente quería. Llegó el momento de regresar a los Estados Unidos, y mientras esperaba en el aeropuerto, ella decidió que necesitaba dominar su segundo idioma.
Cuando ella trataba de enseñarse español, empezó a ver televisión: un poco de noticias y también shows como “Dora la Exploradora”. Poco a poco podía formar pequeñas oraciones como “Hola, ¿cómo estás?” y “Buenas noches”. Hasta que fue creciendo y allí empezó a hablar más español, tratando de dominar su segundo idioma para poder hablar más con sus padres y también con sus abuelos en el futuro. El camino no fue fácil. Tenía que pasar horas y horas tratando de entender el español sola porque sus padres estaban muy ocupados con el trabajo. No fue hasta que llegó a la primaria que por fin tenía lo básico y la habilidad de hablar español, y tenía la confianza de hablar con sus padres y amigos en español. Durante los años escolares, Isabela tomaba clases de español para aprender más de lo básico. Quería tener la habilidad de hablar español como el resto de su familia, sin pensar si lo que dijo está bien, sin que nadie la corrija o tenga dudas de si de verdad ella es hispana. Estudiaba varias horas para sacar buenas notas en sus exámenes y siempre preguntaba cada duda que tenía en clase para que el profesor le ayudara con su tarea. A Isabela le fue tan bien con sus estudios que llegó a tomar las clases más avanzadas de español, y allí se dio cuenta de que todo su trabajo estaba haciendo su sueño realidad. Pero al lograr este nuevo nivel de español, se dio cuenta de que necesitaba dar el cien por ciento para seguir en la clase avanzada. Hubo varias noches en que no se fue a dormir hasta las dos de la mañana, pero a Isabela no le importaba. Solo tenía una meta: aprender más español hasta el punto de hablar mejor que sus amigos y compañeros de clase. Con el tiempo, ella notaba la diferencia cuando hablaba en clase y sacaba cien en todos sus exámenes.
Isabela vino un día de la escuela y vio a sus padres en el comedor hablando. Ella les dijo: “Hola, ¿cómo fue su día?” y sus padres le respondieron en español. Isabela empezó a hablar de varios temas con sus padres, y en ese momento ellos e Isabela se dieron cuenta de que por fin podía dominar su idioma. Todas esas noches estudiando por fin dieron sus frutos. Con esta nueva habilidad, ella empezó a conectar más con sus raíces de Perú, y ahora siempre quiere viajar para poder hablar con su familia, que solo habla español.


