Kirsys González, 45 años, nunca tuvo una vida fácil. Nació en Santiago, República Dominicana, en una familia pobre. A los 8 años, ella y su familia recibieron visas para poder mudarse a los Estados Unidos, donde ha vivido desde entonces.
Después de mudarse a los Estados Unidos, su vida no cambiómucho. Un país nuevo, un idioma diferente, pero Kirsys seguíaluchando económicamente. Desde muy joven, Kirsys cocinaba, limpiaba y cuidaba de sus primos y de su hermano menor, Sandy. Todos vivían juntos en un apartamento tipo estudio en Washington Heights.
A los 18 años, Kirsys estaba enfocada en la universidad,dedicada a sus estudios y trataba de progresar. Vivía con su novio, Tony, pero su relación no duró mucho tiempo. En esa etapa de su vida, Kirsys intentaba construir su futuro diferente al que tuvo durante su niñez. Aunque Kirsys siempre supo que quería tener tres hijos, en ese momento su prioridad era terminar sus estudios y darse una vida mejor. Como muchas jóvenes de su edad, tenía planes y metas que esperaba cumplir. Sin embargo, toda su vida cambió cuando se enteró de que estaba embarazada de mellizas.
“Lloré y estaba en shock”, dijo Kirsys. Se sentía abrumada y no sabía qué hacer. Se preguntaba cómo iba a criar a dos hijas sola,si podría con tanta responsabilidad. Aunque siempre soñó con ser madre, nunca imaginó enfrentarse a una situación así tan joven y inesperada. La noticia de su embarazo cambió todo lo que había imaginado para su vida.
Mientras ella tenía sus dudas, la reacción de su familia era diferente. Ellos estaban felices y emocionados por las bebés. Kirsys les contó sobre el embarazo casi inmediatamente, ya que sabía que no podía depender del padre de los bebés. El apoyo y la emoción de su familia le dieron tranquilidad y poco a poco comenzó a sentir que todo iba a estar bien.
La vida de Kirsys cambió completamente después del nacimiento de sus hijas. Maduró rápido y tomóresponsabilidades que no esperaba a esa edad, dejando atrás su juventud. Kirsys tuvo que dejar sus estudios para dedicarse completamente a ellas, especialmente porque nacieron muy enfermas y pasaron mucho tiempo en la UCI. Durante ese tiempo, Kirsys pasaba gran parte de sus días preocupada por la salud de sus hijas. “Cuando estaban en la UCI, a veces las ponían en habitaciones separadas porque eran muy delicadas. Eso fue muy difícil para mí”, dice Kirsys.
Aunque tenía el apoyo emocional de su familia, económicamente no era suficiente para mantener a dos niñas recién nacidas. “Bueno, la verdad es que la asistencia social era lo único que tenía”, respondió Kirsys cuando le pregunté sobre su sistema de apoyo. Aunque su familia intentaba ayudarla, la mayoría trabajaba y los demás eran demasiado jóvenes para cuidar a las niñas. “Lo más difícil fue estar a solas con ellas”.
En ese tiempo, su rutina diaria consistía en quedarse en casa cuidándolas, pero Kirsys salía los fines de semana a visitar a su madre, quien a veces la ayudaba con sus nietas. Sin embargo, ayudarla no siempre era fácil, ya que su mamá también vivía con Sandy y la bisabuela de Kirsys, quien era ciega y requería mucha atención.
Cinco años después, Kirsys me tuvo a mí, su tercera hija, Lineth. A pesar de todas las dificultades que enfrentó, nunca dejó de luchar por un mejor futuro para ella y sus hijas. Tiempo después, se mudó a Puerto Rico, donde fue a la universidad con la meta de convertirse en enfermera. Aunque el camino no fue fácil, Kirsys siguió esforzándose para convertirse en una mejor versión de ella misma. Hoy en día, como su hija, me siento orgullosa de todo lo que logró y de haber hecho todo lo posible para darles a sus hijas la vida que ella nunca tuvo.
Con el paso del tiempo, Kirsys reflexiona sobre todo lo que vivió y dice que no cambiaría nada de su historia. “No, la verdad es que no,” comenta cuando le pregunté si siente que perdió su juventud. Para ella, todas las dificultades se convirtieron en motivación, empujándola a seguir adelante, y dándole la fuerza que necesita para sobrevivir en este mundo.
Sus momentos favoritos como madre fueron pasar tiempo con sus hijas cuando eran pequeñas. “Ahora son adultas y cada una tiene su propia vida”, dice Kirsys. Cuando mira atrás, siente que todas esas experiencias la ayudaron a convertirse en la mujer que es hoy. “Las experiencias son mi motor, me permiten seguir adelante sin rendirme”, explica.
Si pudiera hablar con la Kirsys de 19 años, le diría, “Hiciste lo mejor que pudiste y lo hiciste bien, un día a la vez”.
Autora: Lineth Vargas


