En el año 2014 migre a los Estados Unidos con mi mamá y dos hermanas. Al llegar a la casa de mi padrastro él nos tenía la noticia de que ya sabía a qué colegio íbamos a entrar cada una. En mi caso él había investigado y tomado la decisión de que debía ir a Bleeker 185, una secundaria a seis cuadras de mi casa que tenía una reputación buena en cuanto estudiantes dominando el idioma inglés. Esta característica hizo que mi padrastro pensara que iba a ser mejor para mí porque así me vería obligada a dominar el idioma con facilidad.
El primer día de clases él me acompañó hasta la escuela y yo cada paso que daba me hacía sentir más nerviosa así que mi padrastro trataba de entablar una conversación para distraerme. Apenas llegamos, vi todos los estudiantes en el patio en grupos charlando con sus amigos e instantáneamente me dio un sentimiento de náusea y querer salir corriendo a casa. La rectora nos estaba esperando en la puerta de entrada y mi padrastro me introdujo. Entablaron una conversación de la cual no tengo idea porque en ese tiempo no entendía nada, lo único que decía era “Hello” y sonreía por todo como boba. Mientras ellos conversaban yo me sentía incomoda al ver que la mayoría de los estudiantes me estaban observando, además al mismo tiempo me daba un poco de vergüenza que mi padrastro fuera el único adulto acompañándome a la escuela. Después de unos minutos, mi padrastro me dijo que la directora iba a buscar dos niñas que hablaban español y que ella piensa que podríamos llegar a ser buenas amigas. En pocos instantes, vi caminando hacia mí a dos niñas. Elizabeth y Camila eran un par de amigas latinas que iban a ser mi refugio durante ese año escolar. En solo segundos las tres hicimos clic lo cual nos llevó a hacernos muy buenas amigas y por dentro yo estaba muy agradecida por ellas porque no me hicieron sentir mal, al contrario, me acogieron muy bien. Lamentablemente, cuando nos dieron las hojas que nos indicaban el horario de nuestras clases, ninguna coincidía con la otra. Por su parte, ellas no tenían que preocuparse por nada porque hablaban inglés y tenían muchos amigos porque llevaban ahí desde sexto grado. ¡En otras palabras, la única afectada era yo! Elizabeth y Camila trataron de consolarme diciéndome que todo iba a estar bien y que nos juntaríamos a la hora del almuerzo. Afortunadamente así fue, pero durante mis clases tuve que sufrir y aguantar demasiado.
Por otro lado, ninguna de mis profesoras hablaba español entonces, todos los días tenía que ir a clases y prestar atención a temas de los cuales no comprendía. Todo el tiempo mantenía callada y ninguno de mis compañeros me hablaban porque no entendía. Recuerdo que varios si hablaban español, pero no lo hacían porque eran los típicos niños de familias hispanas que se quieren acoplar tanto a este país que prefieren aparentar a no saber nada sobre el idioma porque les avergüenza y no quieren llegar a sentir el rechazo. Todos los días eran muy tristes porque la situación me hacía sentir mal, el único momento en el que anhelaba era la hora de almuerzo y la salida.
Mi padrastro todos los días después del trabajo se sentaba conmigo en la mesa para ayudarme a comprender las tareas como si fuera una niña pequeña. Al pasar unos meses yo empecé a descifrar lo que las personas hablaban, pero aún no me atrevía a dejar salir de mi boca una palabra en inglés. Mi padrastro me hablaba en inglés y yo le entendía, pero siempre le respondía en español. En la escuela nadie sabía que yo ya había aprendido a entender conversaciones, en sus mentes yo todavía no sabía ni donde estaba parada. Esto lo asumo por las conversaciones que llegué a escuchar sobre mí. En ocasiones les causaba lástima, en otras era objeto de burla y en muchas ocasiones referencias malas por ser de Colombia y hablar español.
Todas las conversaciones que escuchaba alrededor mío me las quedaba guardadas para mí. Por ese motivo solo cuando llegaba a la casa me sumergía en mi miseria al ver como mi vida había dado un cambio tan drástico. En Colombia tenía muchos amigos y familia, también entendía todo en la escuela, pero ahora todo era tan diferente.
La gota que llenó el vaso fue un día que un niño afroamericano de mi clase que llevaba varias semanas siendo buena persona conmigo decidió preguntarme que si quería ser su novia y al ser rechazado decidió tomar una actitud cruel hacia mí. En mi mente no podía entender como una persona quería ser novio de alguien que ni siquiera se puede comunicar ni sabe nada sobre su vida. La reacción del niño fue empezarme a gritar “perra” e “Inmigrante estúpida que ni siquiera puede hablar inglés” delante de todas las personas en mi clase de gimnasia. En ese momento no había ningún profesor al tanto y mi reacción fue salir corriendo al baño. Desde esa ocasión todos los días que el me veía pasar me gritaba delante de sus amigos “perra”. Después de varios días, no aguanté más y lloré como nunca en mi cuarto. Por ese motivo le dije a mi mama que no quería regresar más a la escuela.
Apenas mi padrastro llego del trabajo mis dos padres me fueron a buscar al cuarto para sacarme información del por qué estaba comportándome así. Al final decidí contarles lo que estaba pasando con ese niño. En pocas palabras y omitiendo todas las groserías que le salieron a mi padrastro, él me dijo que no me tenía que preocupar porque él iba a ir a la escuela a poner ese niño en su lugar porque nadie tiene el derecho de ofenderme de esa manera. El niño tuvo que pedirme disculpas, no suficiente, también fue suspendido por varios días por sus acciones. Esos días que él no estuvo sentí paz al caminar y respirar tranquila por los salones y pasillos de la escuela. Por supuesto, en los ojos de todas las demás personas había quedado como una sapa porque en sus pequeñas mentes piensan que está bien irrespetar a las personas y que ellos deban aguantarse maltratos solamente por encajar.
Después de ese año entre a “The Flushing International High School”, un lugar donde la misión era ayudar a estudiantes inmigrantes aprender inglés, acoplarse a este país y a mantener su idioma natal. En ese colegio me atreví a hablar en ingles por primera vez porque había muchas otras personas como yo que apenas estaban aprendiendo, tenían acento, nos equivocábamos, pero estaba bien. Mi padrastro se sentía muy orgulloso y contento de ver mi progreso. El ya no tenía que ayudarme con tareas ni nada porque yo ya me valía muy bien por mi propia cuenta. Me relacione con muchas personas de diferentes países.
Finalmente se terminó el año escolar y yo aprendí dos cosas. La primera a entender el inglés y lo segundo a preferir estar sola sin amigos, a tener muchos que no valgan la pena como personas. Después de todo, ahora que miro hacia atrás Bleeker 185 me enseñó a entender el inglés, a ser fuerte, a mantener mi esencia, ser comprensiva. En todo caso, no cambiaría nada de mis experiencias porque todo aporto en convertirme en la persona que soy hoy.