Su partida, mi despertar

Cada quien tiene una persona que admira y lleva más cerca del corazón cuando va creciendo en su adolescencia. Sí, queremos a nuestros padres, pero a lo que vamos creciendo y desarrollando nuestra identidad nos apegamos más a otras personas y con el tiempo les cogemos más afecto. Para mí esa persona era mi hermana. Admiraba mucho su forma de vivir la vida. Siempre optimista, una persona generosa, llena de luz y compasión. La luz en las fiestas. Tenía una forma peculiar de hacer a otros reír y sentirse bien.  Siempre podía contar con ella y compartía cosas que no podía compartir  con nadie más. Le contaba mis inseguridades físicas y de la vida. Le pedía ayuda en cómo lidiar con los problemas de mis relaciones amorosas. Esas eran algunas de las cosas en la que yo podía contar con ella y nadie más.

Pero nada podía prepararme para lo que estaba a punto de acontecer. Una noche de mucha lluvia y fría el 23 de diciembre, recibimos una llamada a las 3:15 am. La operadora nos informa que mi hermana se encuentra en el hospital y que ha tenido un accidente de carro. No nos daban más detalles. Pero insisten en que lleguemos de inmediato. Cuando llegamos al hospital nos dan una área privada para esperar. Y cada segundo que pasaba sin saber lo que estaba ocurriendo, sentía que esa sala de espera se volvía más pequeña. Las sillas duras y de madera con tan solo una pequeña área acolchonada que en realidad hacía la espera aún más incómoda. Nunca había sentido el tiempo pasar tan lento como esa noche. Mis otros familiares llegaban poco a poco y esperaban juntos con nosotros. Ya después de 4 horas llega el doctor y nos dice que todos podemos ir a ver a mi hermana. Me lo encontré tan extraño. Pensé, si estaba tan critica, ¿cómo es posible que nos permitan a tantas personas ir a verla?

Para mi sorpresa cuando llegamos al segundo piso, nos meten en otra sala de espera. Pensé que era extraño. Al ver el doctor llegar sentía que caminaba en cámara lenta. Noté angustia en sus ojos. La mirada al suelo.  Mi corazón latiendo más rápido y a la misma vez todo en mi alrededor se veía más borroso y todo se movía lentamente. Observé al doctor mover sus labios y lo escucho decir: “Lo siento mucho, hicimos todo a nuestro alcance, pero no pudimos salvarla”. Después de que  esas palabras salieran de su boca un llanto fuerte brota de todos lo que estaban con nosotros, sentí que perdí todas mis fuerzas. Que todo se movía lentamente. Como en las películas, cuando se enfoca en ciertas personas o cosas y a la vez todo lento. Después nos permiten ver su cadáver por un corto tiempo y solo podía pensar que todo esto era mentira. No podía aceptar lo que veía. Ya era tiempo de irnos y llegando a la casa esta pesadilla se convertía en más real.  Todo el mundo preparando sus hogares con decoraciones y música navideña, y yo preparando el funeral para mi hermana.  El mundo envolviendo sus regalos para sus seres queridos y yo buscando la ropa con la que mi hermana iba a ser enterrada.  El mundo en celebración y yo viviendo el momento más doloroso de mi vida.

 Lo que no me esperaba era lo mucho que ese momento me iba a enseñar de la vida. Algo tan trágico me enseñó lo importante que es tener fe en Dios. Que todas las cosas, por más terribles que sean, tienen algo que enseñarnos. Nos hacen más fuertes. Esos momentos dolorosos que viví después de perder a mi hermana me enseñaron quiénes eran mis verdaderos amigos; que son aquellos que están ahí para consolarte en tus momentos difíciles.  Aprendí a valorar el tiempo con las personas que realmente amo y a tener amistades auténticas.  La importancia de estar presente en los momentos que nos da la vida. Que todo es temporal, ya sea el dolor más grande que puedas sentir o el momento más feliz de tu vida. Me ayuda aún más en  estos tiempos que vivimos ahora, un tiempo donde la forma de vida es más rápida. Donde obtenemos las cosas con más facilidad. Es fácil olvidarse de lo que es importante y de lo que realmente tiene valor. El dolor de su partida me recuerda que todo pasa y el tiempo con las personas que amamos es algo que debemos valorar.