Buscando seguridad

Cuando tenía 17 años, una llamada que recibí cambió mi vida. Era 28 de septiembre y estaba con mi prima Sofía en Flushing Main St, Queens, Nueva York, por la mañana de un sábado. Fuimos de compras a Target para hacer comida más tarde para nosotras.

A las 10:40 AM, sonó el teléfono, pero lo ignoré. Le dije a mi prima Sofía: “No me gusta que me llamen cuando ando afuera”. Después, seguí con mis compras normales, cuando sonó el teléfono otra vez, pero no lo escuché. A la tercera vez, contesté y era mi tía. Me preguntó: “Marelyn, ¿dónde estás?” Le respondí: “Aquí por Target, ¿por qué?”

Luego preguntó que a qué hora iba a estar en la casa. Le dije: “No tengo hora, ¿por qué?” En ese momento, la voz de mi tía estaba baja y triste cuando me dijo: “Inmigración detuvo a tus tíos”. Yo no sabía cómo sentirme en ese momento, porque estaba de compras, pero a la vez estaba en shock y triste.

Le conté a mi prima: “Inmigración detuvo a los tíos, tenemos que irnos a la casa”. Ya eran como las cuatro de la tarde cuando llegamos, y todos en la sala estaban tristes porque habían visto cómo pasó todo, pero comenzamos a hablar sobre qué íbamos a hacer esa noche.

Antes de hacer algo, teníamos que esperar a mi madre porque estaba trabajando. A las ocho de la noche llegó a la casa y parecía como que había llorado mucho, con los ojos rojos, cara roja. Todos estábamos así, no solo ella.

Después de una hora hablando sobre qué íbamos a hacer, decidimos mudarnos por la seguridad de todos, especialmente los niños. Pensábamos que Inmigración estaba vigilando la casa. Como a las once de la noche, mi madre y yo ayudamos a mis tías y primos a irse a otro lado más seguro.

Mi mamá y yo no nos fuimos con ellos porque teníamos papeles y no corríamos el mismo riesgo. Decidimos quedarnos para recoger las cosas. Recuerdo que mientras todo esto estaba pasando, empecé a quejarme de todo porque no me gustaba que solo a mí me pasaran cosas así. A veces extrañaba a mis tíos cuando a mi mamá y a mí nos tocaba mover cosas pesadas, porque ellos eran más fuertes y sabían más de mudanzas. Gracias a Dios, tenía dos primos que estaban ahí cuando necesitaba ayuda con la mudanza. Ellos me ayudaron a terminar más rápido para salir de ahí.

Después de la mudanza, mi mamá y yo fuimos a la casa de mi tía por unos días. Cuando salía a la universidad o a otros lugares, tenía miedo de que algo me pasara, no solo a mí, sino también a mi mamá o a mi familia. Recuerdo que les decía a mis amigos que no me sentía bien cuando me tocaba salir. A veces ellos me sacaban a comer o a caminar para distraerme y mostrarme que todo iba a estar bien. Me decían que primero viene lo malo y después lo bueno.

Ahora que lo pienso, es cierto. Nos quedamos un mes todavía en la casa de mi tía, pero una semana después mi tía llamó a mi mamá para decirle que había encontrado una casa muy linda para toda la familia. También estaba en un lugar más apartado. Una casa donde todos sabíamos que estaríamos seguros y sin el miedo de que algo nos pudiera pasar.