El momento que conocí a mis hermanas

Esta historia comienza cuando mi papá decidió venir a Estados Unidos para trabajar y dar una mejor vida a mis hermanas y a mi mamá. Mi papá se fue a Estados Unidos en el año 1994. Mis hermanas tenían 8, 7 y 1 años de edad cuando él se fue. Se quedaron muy tristes porque pensaron: “¿Cuándo regresará mi papá?” Mis hermanas se quedaron con mi mamá. Ellas pensaban que mi papá las iba a mantener y ayudar siempre. Cuando mi papá llegó, comenzó a tomar mucho. Mi mamá sufrió mucho manteniendo a mis hermanas y dándoles comida. Mi papá no mandaba dinero constantemente; había momentos en que mi mamá no comía para que mis hermanas pudieran comer. Después de un tiempo, mi papá dejó de tomar y comenzó a mantener bien a mis hermanas.

En el año 2000, mi papá quería que mi mamá fuera a Estados Unidos para ayudarle, y mi mamá aceptó. En septiembre del 2000, mi mamá se despidió de mis hermanas y se fue para Estados Unidos. Mis hermanas tenían 13, 12 y 8 años de edad. Se quedaron con mis tíos de la familia de mi papá. Los primeros meses y años fueron muy duros para mis padres; no podían estar con mis hermanas, que crecían en un país grandísimo sin ellos.

En noviembre del 2007, nací yo. Mis padres estaban contentos de tener un hijo con ellos, pero todavía era duro no tener a sus hijas cerca. Unos años después, cuando estaba en quinto grado, yo pensaba que tenía a mis hermanas tan lejos, y la verdad era muy triste y duro para mí. Entonces decidí irme a Ecuador. Mis padres aceptaron y compraron un vuelo para el 15 de julio hasta el 30 de julio del 2018. Estaba muy contento porque iba a conocer a mi familia, a mi sangre. Mis hermanas estaban muy contentas de conocer a su hermanito chiquito. Poco a poco comenzamos a comprar regalos para mi familia. Yo contaba los días para irme a Ecuador. Ya era 14 de julio y teníamos todas las maletas listas: 3 maletas en total. Esa misma noche, me fui para el aeropuerto. Salía en la madrugada del 15 de julio, a la 1 de la mañana.

Llegamos al aeropuerto a las 9:30 de la noche, 3 horas antes. Registré todas mis maletas. Mis padres firmaron oficialmente la custodia de mí a mi hermana. Como era menor de edad, tenía que ir con una azafata. Yo tenía una bolsita con mi pasaporte, mi pase de abordar y el papel que firmaron mis padres. Ya era el momento de ir a TSA. Me tocó despedirme de mis padres. Comencé a llorar, los iba a extrañar mucho. Nunca me había separado de ellos por tanto tiempo. Mis padres también lloraron, pero ellos sabían que un pedazo de ellos se iba a Ecuador otra vez a ver a sus hijas. Los vi por última vez cuando pasé TSA y me fui a la puerta de abordar. Ya era las 11:30 de la noche, así que tenía que esperar media hora para comenzar a subir al avión. A las 12:30 ya me subí al avión; estaba en la primera fila con las azafatas. Era divertido porque tenía ventana y una televisión pequeña. Pero pensaba en mis padres, quería regresar con ellos, pero valía la pena irme a otro país a conocer a las personas más importantes en mi vida.

Estaba viendo una película en la tele cuando me quedé dormido. Cuando me desperté, ya eran las 7 de la mañana. Me faltaban 10 minutos para aterrizar en Ecuador. Me dio mucha felicidad. Cuando aterrizamos, yo fui uno de los primeros en salir del avión porque estaba adelante. Pasé inmigración sin problema. Pasaron 15 minutos y ya recogí todas mis maletas. Ya era el momento que tanto esperaba.

Para contexto: en Guayaquil, para salir del aeropuerto, tienen que escanear nuestros pasaportes y escanear nuestras maletas. Cuando era mi turno, me llamaron a un lado y me dijeron que tenían que abrir mis maletas. La azafata que estaba a mi lado dijo que estaba bien, y entonces comenzaron a revisar todo. Después que revisaron todas las maletas, no me dejaron ir porque tenía un teléfono en la maleta, y se creó un problema. No entendía lo que pasaba, así que tuvieron que llamar a mi hermana para que entrara a resolver el problema. Cuando ella entró, le di un abrazo fuerte pero no lloré. Después de 20 minutos, ya se resolvió el problema y me pude ir.

Ya saliendo por las puertas del aeropuerto con mi hermana, yo pensé que solo iba a estar mi cuñado esperándonos, pero fue una sorpresa ver que todos estaban ahí: mis otras 2 hermanas y todos mis sobrinos y sobrinas. En ese momento comencé a llorar al ver a todos ahí en el aeropuerto dándome la bienvenida a Ecuador.

Después de la emoción, nos fuimos al carro. Mi familia rentó una buseta para ir todos juntos. Saliendo del aeropuerto, fuimos a desayunar porque ya eran como las 8 o 9 de la mañana. Después de comer, fuimos a pasear por Guayaquil: caminamos por el malecón, entramos a tiendas y nos tomamos muchas fotos.

A la 1 de la tarde, nos regresamos a la buseta y nos fuimos a Cuenca. Es un viaje de 4 horas. Nos fuimos escuchando música, conversando, y yo les conté todo sobre el viaje. 4 horas después, llegamos a Cuenca. Mis hermanas me hicieron una cena de bienvenida. Pasamos tantas horas conversando y riéndonos. Me sentía tan contento de estar en Ecuador con mis hermanas. Llamamos por videollamada a mis padres, y ellos también estaban muy felices de que sus 4 hijos estuvieran reunidos.

El tiempo pasó muy rápido; las 2 semanas se fueron y me tocaba regresar a Estados Unidos. Compré muchos regalos para mis padres y mi familia en Nueva York: bolsas de golosinas y unos detalles de Cuenca para el recuerdo. Como a mi llegada, rentamos una buseta para irnos todos al Aeropuerto José Joaquín de Olmedo en Guayaquil. Lo más duro fue despedirme de mi familia. Lo pasé muy contento en Ecuador. Fueron unas de las mejores 2 semanas de mi vida. Me dio mucha pena dejar a mis hermanas, pero sabía que iba a regresar pronto. Mi hermana firmó el papel devolviendo la custodia de mí a mis padres. Les di la última despedida y pasé seguridad e inmigración. 1 hora después abordé el avión y me fui, dejando a mis hermanas. Comencé a llorar en el avión; tenía mucha pena.

6 horas después, aterrizamos en Nueva York. Estaba en casa. Ya extrañaba a mis hermanas, pero iba a regresar con mis padres. Esta vez no hubo problemas en el aeropuerto y salí rápido. Vi a mis padres y les di un fuerte abrazo; los extrañé mucho. En el camino a casa, les conté todas mis historias de Ecuador. Por fin estaba en Nueva York. En casa.

En mi opinión, el viaje es lo más difícil; puede ser incómodo, pero vale la pena. Hablo con mis hermanas todos los días por videollamada. Después de 5 años, regresé a Ecuador. Recientemente, en julio del 2025, me fui a Ecuador por tercera vez. A mí no me gusta viajar, pero por mis hermanas daré todo lo posible.