Mi primer día en un país nuevo

Yo tenía 3 años cuando mi padre emigró a los Estados Unidos. Tengo muy pocos recuerdos de mi infancia, especialmente porque era muy pequeña cuando nos dejó a mi madre, a mis hermanos y a mí en El Salvador. Un año después, mi madre tomó la decisión de migrar a los Estados Unidos para reunirse con mi padre. Mis hermanos y yo nos quedamos con mis abuelos. Para mis padres no fue una decisión fácil, ya que al irse tan lejos no sabes cuándo volverás.

A los 12 años, mi hermana con 16 y yo llegamos a este país. Mis padres tomaron la decisión de buscar una mejor vida aquí por razones de seguridad. Llegar no fue fácil, pero en el año 2015 las leyes cambiaron y de alguna manera se nos permitió entrar al país. El día en que me reencontré con mis padres y mi hermano, después de muchos años, fue el 7 de agosto de 2015. Recuerdo esa fecha porque fue uno de los días más felices de mi vida.

Con el paso de los días, mi madre estaba preocupada por cómo mi hermana y yo podríamos asistir a la escuela y continuar con nuestra educación. Fuimos a la escuela más cercana para obtener información sobre cómo inscribirnos y cuáles eran los requisitos necesarios. Tuvimos que empezar por buscar un médico, ya que se requería un examen médico para poder asistir a la escuela. Además, tuve que prepararme mentalmente para empezar en una escuela nueva, en un país nuevo, con un idioma diferente, y también para hacer nuevos amigos.

Recuerdo mi primer día de escuela, ese sentimiento de estar en un lugar nuevo y no saber si iba a encajar. Sentía mucho miedo y, al mismo tiempo, me sentía perdida porque nunca había visto una escuela tan grande. Había recibido el horario días antes, pero fui sin tener idea de cómo era el lugar. Para mi sorpresa, encontré muchos niños que, al igual que yo, hablaban español. También había muchas maestras que hablaban español, lo que me hizo sentir más segura y menos nerviosa.

Con el tiempo, mi nueva escuela empezó a gustarme mucho. Hice algunos amigos y comencé a sentirme emocionada por ciertas clases, que se convirtieron en mis favoritas. Empecé a estudiar mucho en casa y así aprendí inglés más rápido. El tiempo pasó muy rápido y, cuando menos lo esperaba, llegó el día de mi graduación de la escuela secundaria y mi primer verano en Nueva York. Ahora, al mirar hacia atrás, me siento muy orgullosa de mí misma. Actualmente trabajo en una escuela y empatizo mucho con los estudiantes bilingües, porque sé lo que se siente estar en un lugar nuevo y no sentirse bienvenido.